El tiempo psicológico, según Neville Goddard, es el intervalo subjetivo que separa la asunción interna de un deseo de su manifestación física en el mundo de los sentidos. Su función es actuar como un periodo de gestación mental durante el cual el individuo debe permanecer fiel a su realidad invisible para que esta se solidifique objetivamente.
Qué significa según Neville Goddard
En la filosofía de Neville Goddard, el tiempo no es una progresión lineal inamovible, sino una construcción de la conciencia que depende del estado en el que el individuo reside. Goddard sostiene que el pasado, el presente y el futuro existen de forma simultánea como una totalidad terminada. El tiempo psicológico es, por tanto, la distancia relativa entre el momento en que una persona ocupa un nuevo Estado en su imaginación y el momento en que ese cambio se proyecta en la pantalla del espacio. Para Neville, este intervalo es variable y está determinado por la naturalidad con la que se acepta la nueva realidad.
Desde un marco filosófico, Goddard enseña que el mundo físico es un eco de la actividad imaginativa. Debido a la densidad de la materia tridimensional, los cambios internos no siempre aparecen de forma instantánea ante los ojos físicos. Este retraso es lo que constituye el tiempo psicológico. Neville compara este proceso con las leyes de la naturaleza: así como una semilla de manzana tiene un tiempo de gestación específico antes de convertirse en árbol, cada asunción tiene su propio “horario” para florecer. No se puede forzar el tiempo cronológico, pero se puede colapsar el tiempo interno mediante la intensidad del sentimiento.
Dentro de su enseñanza general, este concepto sirve para desmitificar la espera y eliminar la ansiedad. Goddard enfatiza que si un individuo se mueve mentalmente hacia el final de su deseo y permanece allí, el tiempo psicológico se convierte simplemente en un proceso de maduración. El error del hombre común es medir su éxito mediante el reloj externo, lo cual genera duda; sin embargo, el estudiante de la ley comprende que la cosecha ya es una realidad en la dimensión superior y que su aparición física es una necesidad matemática derivada de su convicción interna.
Cómo se aplica este concepto
La aplicación práctica del tiempo psicológico requiere una renuncia a la impaciencia y una adopción de la Expectativa confiada. Para aplicar este concepto, el practicante debe aprender a vivir mentalmente en el futuro como si fuera el presente. Esto se logra mediante la dieta mental y la vigilancia de las reacciones internas. En lugar de mirar el calendario esperando que algo suceda, el individuo debe ocupar el sentimiento de que el evento ya ha ocurrido. La clave está en no buscar señales externas de progreso, ya que buscar una señal es confesar que el deseo aún no se ha cumplido.
En la experiencia cotidiana, la aplicación se manifiesta a través de la Persistencia en el sentimiento del deseo cumplido. Si los días pasan y el mundo físico parece no cambiar, el individuo debe reconocer que está simplemente transitando el puente de incidentes que el tiempo psicológico requiere para la manifestación. Se vive como una quietud interna: el sujeto realiza sus tareas diarias de forma normal, pero su postura mental es la de alguien que ya posee el resultado. Al no vacilar ante el retraso aparente, se evita que la asunción se disuelva antes de haber tenido la oportunidad de exteriorizarse.
Vivir bajo esta comprensión implica tratar al tiempo como un sirviente y no como un maestro. El practicante utiliza su imaginación para viajar al final de su deseo, sintiendo la atmósfera de alivio y gratitud que lo acompaña. Al hacer esto de forma recurrente, el tiempo psicológico se acorta subjetivamente, pues la mente ya no percibe el objetivo como algo lejano, sino como una posesión actual. El éxito de la práctica se confirma cuando el individuo alcanza un estado de “sábado” o descanso mental, donde la urgencia desaparece porque el cumplimiento se siente tan real internamente que el tiempo cronológico externo pierde su importancia.