La repetición imaginaria, según Neville Goddard, es el proceso técnico de recrear de forma recurrente una escena sensorial interna hasta que esta adquiere la viveza de la realidad física. Su función es saturar la conciencia con el sentimiento del deseo cumplido, permitiendo que la idea sea aceptada por la psique como un hecho consumado.
Qué significa según Neville Goddard
Dentro del sistema metafísico de Neville Goddard, la repetición imaginaria no es un ejercicio de vana fantasía, sino un método científico para convencerse a uno mismo de la realidad de un estado invisible. Goddard postula que la mente humana tiene dificultades para distinguir entre un evento experimentado físicamente y uno imaginado con suficiente intensidad sensorial. Al repetir una escena específica, el individuo logra que el pensamiento pierda su carácter de “deseo futuro” y adquiera la cualidad de “recuerdo presente”, lo cual es fundamental para el cambio de conciencia.
Este concepto se fundamenta en la premisa de que la Mente subconsciente es receptiva a la sugestión a través del sentimiento y la frecuencia de la impresión. Para Neville, una sola visualización puede no ser suficiente si la mente consciente retiene dudas o si la sensación de realidad no se ha establecido plenamente. La repetición actúa como el martillo que clava la asunción en la profundidad de la conciencia, asegurando que el nuevo estado sea el que predomine sobre la evidencia de los sentidos.
En la enseñanza general de Goddard, la repetición tiene como fin último alcanzar el punto de saturación. No se trata de un ruego o de intentar “hacer” que algo suceda mediante el esfuerzo, sino de un proceso de habituación. Cuando una escena se repite mentalmente las veces necesarias, el individuo llega a un estado de naturalidad donde la idea ya no se siente extraña o imposible, sino lógica y real. Este es el momento en que la creación interna está terminada y comienza su tránsito hacia la manifestación objetiva.
Cómo se aplica este concepto
La aplicación práctica de la repetición imaginaria requiere, en primer lugar, la construcción de un Acto imaginario breve y conciso. Neville recomienda diseñar una escena que no dure más de unos pocos segundos —como un apretón de manos, la entrega de un documento o una frase de felicitación— que implique necesariamente que el deseo ya se ha cumplido. Una vez definida la escena, el practicante debe entrar en un estado de relajación profunda, preferiblemente justo antes de dormir, para facilitar el acceso a los estratos más profundos de la mente.
Durante la práctica, el individuo debe reproducir la escena una y otra vez, enfocándose en los detalles sensoriales: el tacto, el sonido de las voces o la temperatura del ambiente. Si la mente divaga, se debe traer suavemente de vuelta al inicio de la escena. El objetivo no es observar la escena como un espectador en una pantalla, sino participar en ella en primera persona. La Persistencia en esta práctica es vital; se debe repetir el ciclo hasta que el sentimiento de satisfacción y realidad eclipse por completo el entorno físico, permitiendo que el individuo se quede dormido en el sentimiento de ser o poseer lo que ha imaginado.
En la vida cotidiana, este concepto se experimenta como una quietud interna que nace de la certeza. No es necesario repetir la escena miles de veces durante el día de forma ansiosa; la aplicación correcta se centra en la calidad de la impresión más que en la cantidad mecánica. Se sabe que la técnica ha sido exitosa cuando el individuo siente una falta de urgencia respecto al deseo, pues la repetición ha logrado su propósito: transformar una esperanza en una convicción psicológica que ya no requiere de confirmación externa para ser sentida como verdadera.
Relación con otros conceptos
Sensación de realidad
Acto imaginario
Persistencia
Mente subconsciente
Estado de quietud