El determinismo espiritual, según Neville Goddard, es el principio metafísico que establece que el mundo exterior está predeterminado por los estados de conciencia que el individuo ocupa. Su función es explicar la relación causal e inevitable entre la asunción interna y su manifestación física, eliminando el azar en la experiencia humana.
Qué significa según Neville Goddard
Dentro del marco filosófico de Goddard, el determinismo espiritual propone que la creación ya está terminada y que todas las posibilidades imaginables existen como Estados infinitos. En este sistema, el libre albedrío del hombre no reside en la capacidad de alterar el mundo exterior mediante el esfuerzo físico, sino en su libertad para elegir el estado de conciencia con el cual se identifica. Una vez que el individuo selecciona y ocupa un estado, los eventos que se derivan de él son fijos y se despliegan de forma automática e inevitable.
Este concepto redefine la noción de destino. Para Neville, el destino no es un decreto impuesto por una deidad externa, sino el resultado lógico de la Identidad que el sujeto asume. Al habitar una configuración mental específica, el individuo pone en marcha una serie de causas y efectos que deben, por ley, proyectarse en la pantalla del espacio. El determinismo espiritual asegura que el mundo tridimensional no sea más que un espejo fiel que no tiene la capacidad de desviarse del patrón establecido por la conciencia.
En la enseñanza general de Goddard, este principio contextualiza la Ley de la asunción como una ciencia exacta. Si el individuo asume el sentimiento de su deseo cumplido y persiste en él, la manifestación no es una posibilidad o una probabilidad, sino una certeza matemática. El determinismo espiritual garantiza que, así como un árbol de naranja debe producir naranjas por su propia naturaleza, un estado de riqueza o éxito debe proyectar circunstancias de riqueza o éxito sin intervención externa.
Cómo se aplica este concepto
La aplicación práctica del determinismo espiritual requiere que el individuo acepte la responsabilidad total de su realidad. Se vive como una comprensión de que no hay nadie a quien cambiar excepto a uno mismo. Para aplicar este concepto, el practicante debe dejar de luchar contra las circunstancias presentes, reconociéndolas como el resultado determinista de sus estados anteriores. La práctica consiste en realizar un movimiento psicológico hacia el fin deseado, confiando en que este nuevo estado tiene sus propios planes de ejecución y que estos se desplegarán sin necesidad de ayuda física.
En la experiencia cotidiana, la aplicación se traduce en una vigilancia de las asunciones internas. El sujeto entiende que cada pensamiento y sentimiento recurrente está sembrando un futuro determinista. Por lo tanto, el trabajo se centra en habitar el sentimiento del deseo cumplido con tal naturalidad que el subconsciente lo acepte como un hecho presente. Una vez que el estado es aceptado, el practicante descansa, sabiendo que los incidentes necesarios para la manifestación ocurrirán por una compulsión divina, siguiendo el camino de menor resistencia hacia el objetivo.
Vivir bajo este principio implica una eliminación del estrés y la ansiedad. Si el resultado está determinado por el estado interno, el único esfuerzo requerido es el control de la propia imaginación. El individuo se aplica manteniendo la fidelidad a su visión interna, incluso cuando el mundo de los sentidos parece contradecirla. Se experimenta como una quietud mental que nace de saber que la causa ya ha sido establecida y que el efecto externo es una conclusión inevitable. El éxito se confirma cuando el practicante deja de preguntarse “cómo” sucederá, aceptando que el determinismo espiritual se encargará de coordinar todos los detalles necesarios para la cosecha física.
Relación con otros conceptos
- Estados infinitos
- Ley de la asunción
- Identidad
- Libre albedrío
- Creación terminada